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ANGEL GARCIA SOBRE ELOY DE LA IGLESIA (ENTREVISTA EXCLUSIVA)

ANGEL GARCIA SOBRE ELOY DE LA IGLESIA (ENTREVISTA EXCLUSIVA) por Jorge Mira Benito

(1 Parte)

 

 

Hola Ángel, cuéntanos de donde viene tu afición al cine

Cuando tenía once años mi padre me regaló una Halina de super-8 con la que empecé a filmar algunos mini-guiones que iba escribiendo y que rodaba con la sufrida colaboración de mis amigos del barrio. Estoy convencido de que me debían ver como a un friki, aunque por entonces ese palabro no se usaba. Lo cierto es que aquello de inventar historias y montar con empalmes de acetona sobre un taco de madera con clavos  me resultó tan apasionante, que habrían de pasar casi 30 años hasta que las circunstancias acabaran con mi afición y me apartaran de la profesión, quien sabe si para siempre.
 
¿En que momento de tu vida decides dedicarte al séptimo arte?

De haber existido un momento determinante, sin duda habría sido el día en que se rodó “La Rebelión de las Muertas” en el Cementerio Británico, situado apenas a dos manzanas de mi casa, con el mítico Paul Naschy a quien con el tiempo tuve la suerte de conocer y tratar. La dirigía Leon Klimovsky. Conseguí colarme porque era amigo del hijo del guarda. Allí estuve rodeado de tumbas y con unas muertas vivientes que corrían ateridas sobre las frías lápidas. Permanecí impertérrito hasta el amanecer. Fue sin duda una de las noches más mágicas que recuerdo haber vivido.

 

 

¿Cómo conoces a Eloy de la Iglesia? ¿Cuándo y como te propone que colaboraras con él?

Como sabes esta es la primera vez que hablo públicamente sobre mis experiencias con Eloy, así que trataré de hacerlo con la mayor fidelidad posible.

Me lo presentó Ángel Sastre, que era y seguiría siendo uno de los contados amigos que tuvo Eloy. Un día le encontré cuando se dirigía a una reunión clandestina del MDH (Movimiento Democrático Homosexual) al que pertenecía. Nos conocíamos poco, pero sabía que me dedicaba al teatro y al cine, y que a pesar de mis pocos años (creo que 19) tenía cierta afinidad intelectual con aquél grupo, así que me invitó a acompañarle. Allí me presentó a Eloy.

Congeniamos enseguida, quizás porque Eloy estaba acostumbrado a tratar únicamente con jóvenes lumpen con quienes apenas cruzaba palabra, y cuyo único interés se centraba en lo que todos sabemos. Le resultó atractivo el hecho de que mi padre hubiera pasado varios años en la cárcel por defender las libertades que nosotros estábamos a punto de empezar a disfrutar. Enseguida se dio cuenta de que tenía “conciencia de clase”, algo en lo que por entonces aún creíamos todos. Años después me explicaría que le había fascinado que un chaval de barrio que practicaba Artes Marciales y que iba por los descampados saltando con una moto, le recomendara leer poemas de Kavafis o vibrara escuchando “E Lucevan Le Stelle”.

Un día encontró en mi coche un libro que estaba leyendo: “L’Étranger” de Camus. Le sorprendió que aquél libro estuviera en francés (mi padre que dominaba el idioma debido a sus años de exilio en Francia me lo había enseñado desde chico) En virtud a esos círculos que a veces se cierran en la vida, aquél libro tendría algo de mágico, de profético: Albert Camus estuvo presente en el principio de nuestra amistad, y fue la causa del fin de la misma, cuando adaptó el “Calígula” para la televisión.

Yo era tan osado que no sentía el menor pudor a la hora de discutir con él de materialismo dialéctico o de lo que surgiera, cuestionándole incluso –a veces puerilmente- algunas de sus ideas más consolidadas. “Alguien tan peculiar tenía que merecer ser amigo mío…” me confesó años más tarde en un gesto de reconocimiento raro en él, aunque sin perder su consabido egocentrismo. Al no existir la menor atracción física por ninguna de las partes, nuestra amistad se fue consolidando, a lo que ayudó esa disposición casi genética a trasnochar que compartíamos. Casi de inmediato empezó a contar conmigo para colaborar en sus películas.

 

 

¿Cómo fue el rodaje de LOS PLACERES OCULTOS? Al ser la primera película que habló abiertamente de la homosexualidad con libertad, ¿no sufristeis algún tipo de presión durante el rodaje?

Sobre esta película no puedo opinar demasiado puesto que cuando rodó Los Placeres yo todavía no le conocía personalmente. Se que estuvo prohibida por la censura franquista

¿Cuál fue la reacción del público en aquella época? ¿Qué tipo de público acudió a los cines a verla?

Recuerdo que en el cine de estreno, próximo al mítico Carretas, se formaban largas colas con un público mayoritariamente gay. Impactó por lo que tenía de novedoso en plena censura franquista. Muchos volvían a verla una y otra vez.

Los tópicos como “poner la mujer los cuernos al marido mientras este último va al fútbol los Domingos” o “los chaperos en los urinarios públicos”, ¿eran ya tópicos cuando rodasteis, o precisamente se convirtieron en tópicos a raíz de esta película…

Del primero no tenía noticias, aunque de ser cierto me parece de lo más saludable. Sobre los chaperos en los urinarios de las estaciones existían mucho antes de la película, y no sólo en Madrid. Creo que es un hecho muy internacionalizado.

¿En qué urinarios públicos se rodó esa escena? ¿existen hoy en dia?

No estoy seguro porque yo no estuve presente, pero creo que se hizo en la vieja Estación Sur de autobuses de Madrid. Hace mucho que desapareció y cambió su ubicación.

¿Alguna anécdota que nos quieras contar en torno a la película?

Sólo trabajé unos días pero te puedo contar que poco antes me había presentado a una selección de actores para Los Placeres en unos salones de ensayo de la calle Amor de Dios. Allí vi a Eloy por primera vez. Mis “dotes interpretativas” no debieron impresionarle demasiado, ya que sólo conseguí un par de sesiones de figuración.

¿Qué opinión te merece esta película? ¿Cambiarías algo de ella?

Creo que fue, si no la primera, si la película que mejor y con más realismo reflejó un determinado tipo de conducta homosexual muy habitual en aquella época (y aún en ésta) y eso ya es válido. En su momento creo que cumplió su objetivo con creces. Supo sortear con habilidad los obstáculos de la censura. Quizás yo la hubiera planteado de otra manera. Siempre reproché a Eloy que fuera tan condescendiente con el público y que dibujara al homosexual adornado de cualidades positivas con objeto de que cayese bien y se le perdonara su “pecado”, como luego repitió en El Diputado. Puede que también hubiera cambiado el final, pero eso es fácil de decir ahora.

 

 

¿Era muy complicado trabajar con Eloy?

Era complicado tratar con Eloy en todos los aspectos. En los rodajes no era especialmente problemático, salvo en ocasiones muy puntuales en las que afloraba su divismo y no dudaba en expulsar del rodaje incluso al director de producción. Con la labor de actores y técnicos no era excesivamente meticuloso. Era más exigente y se preocupaba mucho más por el montaje y por el doblaje.

¿Nos puedes contar algo sobre las largas tertulias de noche que tanto frecuentaba el cineasta?

Las organizaba en su propia casa ya que rara vez salía si no era para ir a cenar o para cumplir con algún que otro compromiso ineludible. No acudía a los estrenos, ni al teatro, ni a discotecas, ni siquiera a pasear. Mucho menos a ligar como he leído por ahí, y cuando lo hacía era acompañado y casi siempre sin salir del coche. Las tertulias se prolongaban hasta el amanecer. Tenía la habilidad de retenerte hasta que empezaba a entrarle el sueño. Era famosa su frase “el último cigarro y nos vamos” que repetía cada vez que alguien intentaba marcharse.

¿Con quien las compartía?

Los contertulios “de plantilla” por lo general éramos siempre los mismos: Ángel Sastre, Gonzalo Goicoechea y yo. A veces se presentaba Pedrito Menéndez o Alejo Lorén, otro viejo amigo, pero se iba pronto porque no le gustaba trasnochar. En los primeros años ocasionalmente podía aparecer Pedro Olea o Diego Galán, y en función de qué película estuviese rodando, el actor de turno. De tarde en tarde llegaban personajes tan variopintos como el jesuita y escritor Martín Vigil, un periodista franciscano amigo de Gonzalo, o el “vidente” Paco Porras, que le hacía mucha gracia.

¿De que temas se hablaban en aquellas noches?

Siempre se hablaba de sus proyectos, y según temporada de cuestiones políticas o sociales. Era un gran conversador, ingenioso, brillante, culto y divertido, lo cual compensaba su desmedida vanidad y exagerada exaltación de sus propios méritos. Necesitaba ser el anfitrión absoluto, el centro de la reunión. Todos lo sabíamos y casi todos lo aceptábamos de buen grado.

¿Fue ese el germen de las adicciones del director?

No, no lo creo. En aquellas reuniones no se consumían drogas, salvo algún que otro porro en su momento. El origen de todas sus adicciones habría que buscarlo más en la genética, en la psiquiatría, y en una personalidad tan compleja y tan difícil de analizar, que sólo después de haberlo tratado en profundidad durante muchos años es cuando creo que empecé a entenderla.

 

 

¿Cómo fue el rodaje de EL DIPUTADO?

Para mi fue apasionante por el momento sociopolítico que estábamos viviendo y porque era la primera vez que estaba tan implicado profesionalmente en una película, por tanto yo no puedo ser objetivo. Quizás sea la que mejor refleje el ambiente de lo que estaba pasando en España. Es posible que su interés en mostrar las contradicciones entre homosexualidad y marxismo despistaran un poco al público, sin embargo fue, y aún hoy creo que sigue siendo un documento histórico muy interesante.

¿Tuvo problemas Eloy con compañeros del partido a raíz del rodaje de este largometraje?

Problemas… No creo. Los camaradas más allegados ya sabían de su homosexualidad porque hacía tiempo que no la ocultaba. Algunos seguían considerándola como un vicio pequeño-burgués; como una desviación contrarrevolucionaria. Otros se mostraban “tolerantes” por tratarse de un camarada distinguido y famoso. Luego estaban los que optaron por mantenerse en la sombra (o eso pensaban) Para muchos fue una sorpresa que el propio Santiago Carrillo acudiera al estreno en el Real Cinema, en un gesto que le honraba. La izquierda de entonces en estas cuestiones también tendría mucho que madurar.

 

¿Quién solía hacer las selecciones musicales en las películas de Eloy?

Siempre él, aunque se dejaba aconsejar. Era una de las pocas parcelas en las que podía aceptar sugerencias, puede que porque nunca le dio demasiada importancia a las bandas sonoras.

En la película se ruedan escenas de sexo muy atrevidas, como la fiesta privada a la que acude el joven protagonista, donde había escenas de sexo tanto heterosexual como homosexual, drogas… ¿Cómo reaccionaba el público viendo este tipo de escenas nunca vistas anteriormente en nuestro país?

Fue curioso porque esa era la única secuencia que provocaba unánimemente en los espectadores una notoria incomodidad. Así lo atestiguaban las toses y murmullos que se repetían en casi todas las sesiones.

¿Eran frecuentes en aquella época este tipo de fiestas donde drogas y sexo se veían abiertamente y sin prejuicios o era pura ficción cinematográfica?

Alguna habría, pero como excusa o “trampa” para propiciar relaciones homosexuales. Yo no las llegué a conocer. Era más frecuente que un grupo de chavales acudieran a una casa para mantener relaciones con el anfitrión y sus amigos a cambio de algún dinero. La heroína aún no había irrumpido con fuerza en la sociedad, y la coca sólo se consumía en ambientes muy “selectos” por eso creo que fiestas como esa eran estadísticamente muy infrecuentes.
 
¿Cambió a raíz de esta película la visión que tenía del Comunismo?

A raíz de esta película no. Tendría que pasar tiempo para eso. Fue un proceso largo en el que intervinieron muchos factores: circunstancias personales, acontecimientos históricos, su aproximación a la ciencia… En definitiva fue una consecuencia directa de su experiencia vital asociada a su propio proceso madurativo. Desde un punto de vista sociológico sería demasiado pretencioso atribuir a una película el poder de transformar ideologías, y menos la de su propio autor.

¿Alguna anécdota que nos quieras contar en torno a la película?

Eloy estaba especialmente orgulloso de El Diputado, hasta el punto de que se refería a ella en tono jocoso como “La Biblia” (más adelante se mostraría bastante crítico) Había un diputado progresista a quien hubo que tranquilizar porque la historia tenía bastantes puntos de coincidencia con su vida. Había habido presiones del PSP para que no se llegara a rodar. Incluso un dirigente muy conocido habló con Carrillo para que mediara. Afortunadamente no lo hizo y apostó por la película a pesar de las críticas que recibió por ello. Aún conservo una cinta magnetofónica con las opiniones que recogí al final de la proyección de algunos de los invitados que acudieron al estreno y de otros espectadores que asistieron días después.

 

 

¿Qué nos puedes contar a cerca de EL SACERDOTE? ¿De que manera colaboraste en la película?

Durante el rodaje de El Sacerdote todavía no estaba totalmente integrado en el grupo. Lo recuerdo más que nada como un rodaje divertido, una especie de impasse, o mejor dicho de un compás de espera. A Eloy, que como yo, ni era católico ni tenía inquietudes religiosas, en realidad no le preocupaba en absoluto la problemática de los sacerdotes ni las divagaciones de la iglesia, por eso se centró más en describir la represión que éste ejercía sobre sus colaboradores. A pesar de que el guión no era suyo, creo que supo imponer su impronta en la manera de denunciar la hipocresía, las falsedades y la represión características de esa institución. 

Esta es otra película donde las escenas escabroso-morbosas pueden verse a lo largo de la película… ¿de donde sacaba Eloy todas esas ideas enfermizas que tanto escandalizaban al público?

Yo creo que más bien habría que preguntarse de dónde sacaba fuerzas para ser tan comedido. Tendrías que haber leído alguna de aquellas páginas que descartábamos nada más escribirlas porque sabíamos que eran inasumibles para la mayoría. En El Sacerdote, desde la perspectiva católica, había escenas un tanto irreverentes, pero no creo que fuera su película más escandalosa.

¿Es cierto que la escena de “la oca” es la más osada de todo el cine español? Dicen que hoy en día no se podría rodar porque ello conllevaría problemas legales…

Tanto como la más osada no lo se. Ahora sería difícil rodar una escena así. Hay sensibilidades que cambian con el tiempo en función de las leyes y de los prejuicios del momento. Por entonces las preocupaciones eran otras y en el tema de los menores, en la práctica, había mucha más permisividad. Pero volviendo a la escena de la oca, podría asegurarte que muchos espectadores que hayan nacido o vivido en según qué pueblos, la verían, más que con escándalo, con cierta nostalgia.

¿Cómo se rodó aquella mítica escena? ¿No pusieron reparos los padres de los menores?

No me atrevo a afirmarlo, pero creo que no se llegó a consultar con ellos. Incluso a posteriori hubo una cierta preocupación por las posibles acciones que se podían haber ejercido. Lo cierto es que al final no pasó nada.

¿Qué valoración das a EL SACERDOTE?

Como te dije antes me cuesta ser crítico con estas películas. Te diría que a mi me gusta. Me parece una película entretenida. Cuestiona el poder represor y castrante de la iglesia, pero de una manera muy benevolente para ser Eloy un “feroz anticlericalista” (como calificaba Dalí a Buñuel) Muestra con claridad las rupturas que tienen lugar en el clero al principio de la transición. En lo artístico destacaría la labor de todos los actores y en especial el gran trabajo hecho por Simón Andréu.

¿Qué recuerdas de los actores que intervinieron en la película?

Traté con pocos, y de todos guardo un grato recuerdo, especialmente del desaparecido José Franco y de Simón Andréu.

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