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ANGEL GARCIA SOBRE ELOY DE LA IGLESIA (ENTREVISTA EXCLUSIVA)

ANGEL GARCIA SOBRE ELOY DE LA IGLESIA (ENTREVISTA EXCLUSIVA) por Jorge Mira Benito

(2 Parte)

 

La siguiente sería MIEDO A SALIR DE NOCHE, una de las obras mas “tranquilas” de aquella época… incluso en algunos momentos no parece que sea una película de Eloy, parece como que le falta algo de fuerza… ¿no crees?

La has definido muy bien. Era una película muy tranquila en comparación con las anteriores. Se notaba que era un “encargo”. Ni el guión era de Eloy, ni los actores ni el equipo eran los habituales. Quizá eso lo explique.

No obstante, la película fue muy aplaudida, y guarda una de esas escenas que difícilmente pueden sacarse de la cabeza del espectador una vez vista. Hablo de la escena del despezonamiento en el oscuro sueño de un asustadizo José Sacristan en el papel de padre de familia obsesionado con la inseguridad ciudadana que se vivía en la España de entonces… ¿Cómo rodasteis esa escena?

Bueno, la escena en si no tenía demasiadas complicaciones excepto conseguir que resultara creíble. Eso, gracias a unos buenos efectos de maquillaje creo que se consiguió, con el consiguiente rechinar de dientes de parte del equipo.

 

 

Creo que en la siguiente película, NAVAJEROS, tuviste una implicación muy especial, hasta el punto de ser una idea original tuya, cuéntanos…

En la mayor parte de los guiones colaboré de una forma activa. Cuando Eloy se reunía por las noches para escribir con Gonzalo, yo siempre estaba con ellos. Me consideraba un alumno privilegiado y estaba encantado de aprender. Muchos personajes, diálogos y situaciones han sido aportaciones mías, aunque por cuestiones que no puedo contar yo no firmé mis colaboraciones hasta “El General de la OTAN” que lo hice con Eloy.

Pues bien, cuando leí en el periódico la noticia de la muerte de el Jaro enseguida tuve claro que en esa historia había una película. Corrí a casa de Eloy con el recorte en la mano y le expliqué mi idea. Su reacción fue la que yo esperaba. Me dijo: “Vamos a hacerla”. Esa misma noche estuvimos tomando notas y varios días después seguíamos madurando el proyecto. Ya teníamos una amplia sinopsis -como 30 folios- cuando entró en escena Gonzalo Goicoechea. Como fue una constante en mi trayectoria al lado de Eloy, quedé en la sombra y como en posteriores ocasiones, el guión acabó siendo firmado por Gonzalo. Los motivos espero poder contarlos pronto en lo que, sin llegar a ser una biografía de Eloy de la Iglesia propiamente dicha, sí será un relato (quién sabe si una película) de sus peores años que por desgracia compartí con él.

¿De que manera se hizo el casting? ¿Dónde se hicieron? ¿Hubieron problemas?

El casting lo compartía Alsira García con Carmen Zorrilla y conmigo. Hubo problemas sobre todo para encontrar al protagonista. Estuvimos todos buscándolo durante dos meses. Al final mi tesón y algo de azar hicieron que lo encontrara.

 

¿Quién eligió a José Luís Manzano para hacer de “El Jaro”?

La decisión la tomó Eloy, pero las circunstancias en torno a su “descubrimiento” no tuvieron nada que ver con todo lo que se ha estado especulando desde entonces. Te voy a contar la verdadera historia:

Faltaban pocos días para comenzar el rodaje y todavía nadie había conseguido encontrar a un chaval que le gustase a Eloy y que pudiese afrontar el reto de interpretar el papel protagonista. Llegó incluso a ofrecer “recompensa” a quien lo encontrara. Un día mientras repasaba mi agenda recordé que había conocido a un chico tiempo atrás y que podía encajar en el perfil, pero no encontré su teléfono. Sólo sabía que se llamaba José Luís, que vivía en el pueblo de Vallecas, que jugaba en un equipo de fútbol, y que trabajaba en una bodega donde había tenido un accidente laboral, consecuencia del cual podría aún llevar un corsé ortopédico rígido de cuero. Con esos pocos datos inicié la búsqueda. Una semana después entré en una tasca donde lo conocían. Uno de los clientes me acompañó hasta su casa. Hablé con la madre y le expliqué la historia. Jose sin acabar de creérselo del todo accedió a acompañarme a casa de Eloy. Le causó buena impresión y tras unas pequeñas pruebas y una larga conversación, esa misma noche se decidió que él sería El Jaro.

¿Se adaptó bien al rodaje?

Sí. Enseguida nos pusimos todos a trabajar con él y a ensayar a marchas forzadas. Apenas sabía leer, pero rápidamente se adaptó al nuevo ambiente donde jamás hubiera podido imaginar que encajaría. Los resultados se vieron muy pronto. Cada día llegaba con el texto aprendido. Yo le ayudaba a repasar los diálogos y con la interpretación. Le enseñé a montar en moto porque también estaba encargado de crear, montar y dirigir las escenas de acción y de peleas con él. Puedo asegurar que sus ganas de aprender y su afán de superación eran admirables y su actitud comparable a la de cualquier actor profesional. Por desgracia todo cambiaría con el tiempo.

 

 ¿Nos puedes contar anécdotas de José Luís durante el mismo?

Durante el rodaje, mientras se ensayaba la escena del tirón de bolso, unos policías de paisano creyeron que era un robo real y corrieron tras ellos hasta que les detuvieron. Enseguida se aclaró el malentendido y no pasó a mayores. En el rodaje había caído bien a todo el equipo; todos le mimaban y él sabía cómo hacerse querer.

 En la película hay una escena que creo que está rodada en la puerta del Cine Carretas, en la que aparece el propio Eloy entre la gente si la memoria no me falla, ¿Qué tenia de especial la puerta del cine Carretas? ¿Por qué se eligió aquella ubicación?

Se eligió porque el cine Carretas fue durante el franquismo y hasta que se cerró bien entrada la democracia, una especie de santuario gay al que no se iba a ver películas precisamente. Era un cine conocido a nivel internacional. Igual ocurría con los cercanos “Billares Victoria”. A Eloy le divertía hacer cameos a lo Alfred Hitchcock en los lugares más “inapropiados”

Tú haces un papel de policía corrupto, ¿Qué recuerdas de este papel?

Recuerdo haber pasado muchos nervios por tener que enfrentarme a Isela Vega, que por entonces era una gran estrella en Méjico a raiz de sus incursiones en Hollywood a las órdenes de Sam Peckinpah. Luego no fue para tanto.

 Cuando interpretabas, ¿utilizabas alguna técnica en concreto o te dejabas llevar por la improvisación?

Tal vez por inseguridad mis intervenciones me las preparaba a conciencia. En verdad, salvo la temporada en el María Guerrero para obtener el “meritoriaje” necesario entonces, y las clases de interpretación con el gran maestro de actores José Franco (El Sacerdote) nunca había estudiado ningún método en particular.

 

 

 ¿Estas contento de tus papeles como intérprete?

Soy muy exigente y nunca me acababa de gustar. Siempre he hecho colaboraciones y pequeños papeles, así que nunca he tenido ocasión de lucimiento.

¿Trabajaste con otros directores de cine?

Sí, antes de conocer a Eloy. Después cometí el gran error de dedicarme a colaborar con él a tiempo completo. Eloy era demasiado absorbente y muy celoso en lo profesional. Tenía la gran habilidad de retener a los colaboradores que consideraba valiosos a base de promesas sobre proyectos futuros, cuidándose a su vez de que nadie se los arrebatara. Para eso no se podía brillar demasiado. Era el precio que había que pagar por trabajar a su lado. Unos lo aceptamos y otros no.

Cuéntanos algo de estos otros trabajos tuyos…

En teatro trabajé en Julio César a las órdenes de José Mª Morera; en La Venganza de Don Mendo con Gómez Bur; en la ópera rock J.C. Superstar, que años después versioné y dirigí para representarla en salas de café-teatro. Aparecí en alguna película de Paul Naschy (Jacinto Molina) en algún episodio de Curro Jiménez, en “El hombre de la esquina rosada” o en “Dos hombres y en medio dos mujeres” de Rafael Gil, con Nadiuska.

 

 

 

En LA MUJER DEL MINISTRO se contó con el Pirri, que ya había participado en NAVAJEROS, ¿Qué nos puedes contar de él? ¿le gustaban los rodajes? ¿se adaptaba bien a ellos?

El Pirri debutó en Navajeros. Había salido de los casting de Carmela Zorrilla. Desde el primer día llamaba la atención su espontaneidad y su desparpajo. En los rodajes era muy formal y muy divertido. Era el típico macarrilla que caía bien, y eso era un valor a explotar.

En general, ¿estaban bien pagados estos chavales? ¿Crees que aprovechaban el dinero que se les pagaba?

No estaban muy bien pagados, pero para ellos era una manera de obtener unos ingresos que difícilmente podían conseguir sin delinquir. A casi todos ellos ese dinero les duraba muy poco.

Esta película es de las que menos me gustan de la filmografía de Eloy, ¿Cómo acogió el público esta película?

Estoy de acuerdo contigo. A mi no me interesó demasiado en su día y apenas recuerdo nada de ella. Pasó bastante desapercibida.

COLEGAS volvía a poner a Jose Luís Manzano de protagonista, y nada menos que con los hermanos Flores, ¿Qué recuerdos te trae esta película?

De esta también guardo muy buenos recuerdos. El guión se hizo a medida de los Flores, que eran muy amigos de Gonzalo. A pesar de que la droga ya estaba muy presente, todavía no se había convertido en un problema acuciante. Estuve muy implicado en toda la producción.

El edificio donde viven los chavales, tengo entendido que es un emblemático edificio al lado de la M-30, ¿recuerdas todavía la ubicación?

Sí, perfectamente. Es un edificio de la calle Virgen de Lourdes. Se eligió por el aspecto inquietante de aquella sórdida estructura a modo de colmena. No se encontró por casualidad. Lo conocíamos porque en él vivía Alejo, un viejo amigo nuestro que también apareció como actor en algunas películas.

Yo creo que es una de las mejores películas que se han hecho del ahora llamado “Cine quiqui”, por lo menos es la que muestra una lado mas humano y menos oscurantista de la delincuencia… ¿crees que trató de dignificar la figura de cierto tipo de delincuentes con esta película? Algo así como que todo el que delinque no es mala persona…

Es que Eloy estaba convencido de eso y lo intentaba plasmar en esta y en todas sus películas con más o menos acierto. Lo que cambia en Colegas respecto a Navajeros es la extracción social de los personajes y el tono más distendido de la narración. A diferencia de aquella los chavales de Colegas no son quinquis, se convierten en delincuentes por azar a partir de una situación que no son capaces de controlar.

 

 

¿Qué recuerdos tienes de los hermanos Flores durante el rodaje?

Muy buenos. Lo pasamos muy bien. Conecté mejor con Antonio Flores, quizás porque Rosario siempre iba acompañada de Quique San Francisco, su novio de entonces. Para ellos era una experiencia nueva y pusieron todo de su parte. Rosario estaba madurando la idea de cantar y Eloy me animó para que fuera yo su representante. Lamentablemente no me lo tomé en serio. Tampoco olvidaré la expectación que se formó el día en que Lola Flores vino al rodaje. Estábamos rodando en la escalera de un piso de la Avda. del Manzanares, y los vecinos estaban revolucionados con su presencia.

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